Los celtas residentes en el norte de Italia fundaron la ciudad de Milán en el año 600 A.C. Esta reseña histórica pone de manifiesto el comienzo de la construcción de una civilización, una cultura, que durante 400 años estuvo en las manos de la evolución griega y a partir de los 200 años antes de Cristo, pasaron a ser propiedad de la extensa, amante del lujo y en definitiva, esencia sibarita de lo que se conocía como Mediolanum o… Milán.
Quien tuvo retuvo dicen, Milán fue, durante un periodo no muy extenso, Capital de Roma, Roma en su plenitud; es decir del imperio, no de la ciudad.
Superviviente Milán que, a pesar de la debacle de la pérdida de su condición de capital, logró pasar a manos de Carlomagno, tras un periodo tempestuoso y convulso de destrucción total, a manos de los ostrogodos y los hérulos.
Carlomagno convirtió a Milán en la cuna de los arzobispos que poco a poco se vieron compartiendo y hasta perdiendo poder a manos de la nobleza de la ciudad. Así… Tras la debacle, tras la destrucción y tras la pérdida de todo, en el siglo XI Milán vuelve a ser próspera llegando a salvarse de las grandes debacles históricas y logrando incluso en el siglo XIV, librarse de la Peste Negra.
Posteriormente, comienza el Renacimiento y… Leonardo Da Vinci, sus reminiscencias Francesas –por la dependencia de 1500– y, las españolas, por la conquista del país en 1535, fueron creando el mapa que Milán presenta hoy.
Con esta parte de la historia que, es únicamente una pequeña muestra de los logros alcanzados por Milán, para tomar como referente y ejemplo a tierra de nadie y de todos a la vez, convertida hoy, en pleno siglo XXI en la evocación del glamour, aún ahora, cuando la inestabilidad, la incertidumbre y la destrucción, pasean libremente por nuestro mundo.
Milán, crecimiento, arte, expansión y elegancia, el mejor resumen para la historia y el mejor destino turístico para una escapada.
Foto: sylvar




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