
Milán es una fascinante ciudad italiana, muy famosa por sus tiendas de diseño y moda. Pero al mismo tiempo, atesora un rico conjunto monumental, lo cual puede evidenciarse con la presencia de emblemáticos íconos del arte como el Duomo, ”La última cena” de da Vinci, y las típicas tabernas de barrio donde todavía aún se elaboran comidas tales como el ossobuco y el risotto alla milanese.
En toda guía de Milán, se recomienda realizar un paseo en tranvía para obtener una primera impresión de la ciudad. Actualmente hay una docena de líneas que ofrecen una buena visita turística, aunque probablemente la mejor sea la línea 1. La misma inicia su recorrido en la estación central, pasa por el Centro Storico y continúa hacia Piazza Cairoli y el histórico Castello Sforzesco.

La catedral es el símbolo más destacado de la ciudad. Su construcción se inició hacia el año 1386 y se terminó 500 años más tarde. Es una imponente obra maestra en arquitectura de estilo alto gótico.
En el Cenacolo Vinciano se encuentra una de las obras de arte más impresionantes del mundo: “La última cena” de Leonardo da Vinci. Las colas para acceder a esta obra suelen ser largas, motivo por el cual se recomienda realizar las reservas con antelación.
Quizás Milán no posee un patrimonio artístico a la altura de Florencia o Venecia, sin embargo, tiene una oferta muy interesante que ningún turista debería menospreciar. En el principal museo de arte de la ciudad, hay una colección de obras famosas atribuidas a Mantegna, Giovanni, Bellini, Bramante y Caravaggio.
Foto 1 vía:flickr
Foto 2 vía:flickr
Artículos relacionados


0 Comentarios en “Milán, una ciudad de exquisitos contrastes”